"Nunca le había gustado encontrarse los billetes de 50 dólares en la mesita del recibidor, al lado de la puerta "de salida". Sólo los nuevos hacían eso. Los otros ya sabían que esos trocitos de papel no eran bien recibidos y por eso, como vulgares sucedáneos de expiación del remordimiento, la colmaban de regalos útiles en su vida pero innecesarios en su corazón. Pero la vida cambiaba y ya no los desenvolvía con la misma ilusión infantil de antaño. "Uno más" -pensaba ella, "es buena, vale lo invertido en el presente" -debían de pensar ellos.
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A los que más temía ella era a esos que se presentaban con una flor, un beso y una promesa de "siempre". Y lo que era peor, con una maldita cajita de 4 cm2 con un lacito rojo en lo alto y un Te quiero adherido. Solo de verlo a ella ya le entraba un ataque de ansiedad interior, un tsunami emocional que se revolvía en la tumba que albergaba en su pecho. Era entonces cuando a ella se le escapaba la rabia acumulada de tantas mentiras y falsedades y les echaba a patadas de su habitación, convertidos sus ojos en autenticos bloques de hielo. Ellos sabían las reglas, nada de falacias, solo la verdad de saberse un rato de alivio nada más. Si no era así y osaban falsear la realidad eran expulsados ipso facto de su cama, como a éste ultimo. Sabía lo que era y para lo que servía, hacía mucho tiempo se lo habían mostrado y no dejaban de repetirselo uno tras otro."
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A los que más temía ella era a esos que se presentaban con una flor, un beso y una promesa de "siempre". Y lo que era peor, con una maldita cajita de 4 cm2 con un lacito rojo en lo alto y un Te quiero adherido. Solo de verlo a ella ya le entraba un ataque de ansiedad interior, un tsunami emocional que se revolvía en la tumba que albergaba en su pecho. Era entonces cuando a ella se le escapaba la rabia acumulada de tantas mentiras y falsedades y les echaba a patadas de su habitación, convertidos sus ojos en autenticos bloques de hielo. Ellos sabían las reglas, nada de falacias, solo la verdad de saberse un rato de alivio nada más. Si no era así y osaban falsear la realidad eran expulsados ipso facto de su cama, como a éste ultimo. Sabía lo que era y para lo que servía, hacía mucho tiempo se lo habían mostrado y no dejaban de repetirselo uno tras otro."
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